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El voto cristiano a la luz de las Escrituras


Estudio bíblico sobre el gobierno civil, la moral bíblica y el discernimiento político del creyente

La participación política del creyente no es un asunto superficial ni meramente ciudadano. La Escritura enseña que toda la vida del cristiano debe desarrollarse bajo el señorío de Dios, incluyendo su pensamiento, conciencia, decisiones públicas y participación social. Por ello, el acto de votar debe ser entendido como una responsabilidad moral delante de Dios.

La cultura moderna ha reducido las decisiones políticas a emociones, simpatías personales, intereses económicos, ideologías humanas o manipulación mediática. Sin embargo, la Biblia enseña que el hombre caído no posee en sí mismo, en su propia naturaleza, la capacidad de definir correctamente el bien y el mal. Jeremías 17:9 dice: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” Por esta razón, el creyente genuino no puede votar guiado simplemente por: emociones, resentimiento social, simpatía ideológica, beneficio económico, promesa populista, afinidad cultural, presión familiar, propaganda política.

La Escritura revela que existe un estándar absoluto mediante el cual deben evaluarse todas las cosas. Isaías 8:20 dice: “¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer.”

El problema central de las ideologías políticas modernas es que intentan construir modelos de sociedad independientes de Dios. Pero cuando el hombre redefine la verdad, inevitablemente termina llamando bueno a lo malo y malo a lo bueno. Isaías 5:20 dice: “¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas; que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”

Por tanto, el creyente debe aprender a evaluar: gobiernos, partidos políticos, candidatos, plataformas ideológicas, proyectos de ley, políticas públicas, bajo la autoridad suprema de la Palabra de Dios.

1. La función del gobierno según la Biblia

La Escritura enseña que el gobierno civil fue instituido por Dios. El Estado no es una creación autónoma del hombre, sino una autoridad delegada por Dios con responsabilidades específicas. Romanos 13:1-4 dice: “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para la buena conducta, sino para el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella; porque es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo.” ¿Quién define qué es el bien y qué es el mal? Dios mismo en Su Palabra escrita.

Este texto establece principios fundamentales:

a) Toda autoridad es derivada de Dios. Los gobernantes no poseen autoridad absoluta. Su poder es delegado y limitado por Dios. Esto significa que toda autoridad humana será juzgada por Dios. Daniel 2:21 dice: “Él es el que cambia los tiempos y las épocas; quita reyes y pone reyes; da sabiduría a los sabios, y conocimiento a los entendidos.” Ningún gobernante ocupa una posición independiente de la soberanía divina.

b) El gobierno debe castigar el mal y promover el bien. La función central del gobierno no es redefinir la moralidad sino proteger el orden moral establecido por Dios. Cuando un gobierno: legaliza el pecado, protege la corrupción, persigue la verdad, normaliza la inmoralidad, destruye el diseño divino de la familia, promueve el asesinato del no nacido, está actuando contra el propósito para el cual Dios instituyó la autoridad civil. Proverbios 29:2 dice: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; pero cuando domina el impío, el pueblo gime.” El carácter moral del liderazgo afecta directamente la salud espiritual y social de una nación.

c) El gobernante debe temer a Dios. La Biblia conecta el ejercicio correcto del gobierno con el temor de Dios. 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho, la Roca de Israel me habló: ‘El que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna en el temor de Dios.’” El temor de Dios implica: reconocer la autoridad moral de Dios, someterse a Su ley, rechazar la corrupción, gobernar con justicia, administrar el poder con humildad. Sin temor de Dios, el poder termina siendo utilizado para: manipulación, enriquecimiento personal, control ideológico, persecución moral, opresión.

d) La corrupción destruye la justicia. Deuteronomio 16:18-20 dice: “Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que el Señor tu Dios te da, según tus tribus, y ellos juzgarán al pueblo con justo juicio. No torcerás la justicia; no harás distinción de personas, ni tomarás soborno, porque el soborno ciega los ojos del sabio y pervierte las palabras del justo. La justicia, y solo la justicia, seguirás, para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da.” La corrupción no es simplemente un problema administrativo. Es un pecado que destruye: la justicia, la confianza pública, la estabilidad social, el bienestar de los débiles. Proverbios 17:23 dice: “El impío recibe soborno en secreto para pervertir las sendas de la justicia.” Éxodo 23:8 dice: “No aceptarás soborno, porque el soborno ciega al de vista clara y pervierte las palabras del justo.” Por tanto, el creyente no puede: vender su voto, participar en clientelismo, justificar corrupción política, apoyar redes de manipulación electoral.

e) El poder político debe tener límites. La Biblia reconoce la tendencia pecaminosa del hombre a abusar del poder. Deuteronomio 17:18-20 dice: “Y sucederá que cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del libro que está al cuidado de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para que no se eleve su corazón sobre sus compatriotas y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.” La autoridad política debe estar sometida a la ley de Dios y limitada por ella.

2. La base moral bíblica es absoluta y no negociable

Uno de los mayores conflictos entre la cosmovisión bíblica y las ideologías modernas es la cuestión de la moral. La cultura contemporánea afirma: que la verdad es relativa, que cada persona define su moralidad, que el bien depende del consenso social, que las normas cambian según las épocas. La Biblia enseña exactamente lo contrario. Salmo 19:7-9 dice: “La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos. El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre; los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos.” La moral bíblica no evoluciona porque el carácter de Dios no cambia. Dios es inmutable. Malaquías 3:6 dice: “Porque Yo, el Señor, no cambio; por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos.”

a) El corazón humano no es una guía confiable. Jeremías 17:9 dice: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” Por eso el creyente no debe votar: por simpatía, por emociones, por resentimiento, por carisma, por propaganda. Debe evaluar todo conforme a la verdad de Dios.

b) El rechazo a Dios produce corrupción moral. Romanos 1:21-25 dice: “Pues aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén.” El apóstol Pablo muestra que cuando una sociedad rechaza a Dios: se oscurece moralmente, redefine la verdad, normaliza el pecado, institucionaliza la rebelión moral.

c) Dios condena llamar bueno al pecado. Isaías 5:20 dice: “¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas; que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”. Esto tiene implicaciones políticas directas. Cuando un sistema político: legaliza la inmoralidad, redefine la familia, celebra el pecado, persigue la verdad bíblica, está institucionalizando rebelión contra Dios.

3. Contraste entre las ideologías políticas y la cosmovisión bíblica

La Biblia no se identifica plenamente con ninguna ideología moderna. Toda ideología humana contiene elementos: de verdad común, de error, de idolatría, de rebelión.

Por ello, el creyente debe evaluar cada propuesta política bajo el estándar bíblico.

a) La idolatría del Estado. Muchos sistemas políticos presentan al Estado como salvador de la sociedad. Pero la Biblia enseña que ningún gobierno puede redimir el corazón humano. Salmo 146:3-5 dice: “No confíen en príncipes, ni en hijo de hombre, en quien no hay salvación. Su espíritu exhala, él vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos. Cuán bienaventurado es aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios.” La esperanza última del creyente no está: en partidos, en candidatos, en movimientos ideológicos, en sistemas económicos. Está en Dios.

b) El peligro del poder concentrado. La Biblia advierte que el poder humano tiende al abuso. 1 Samuel 8:10-18 dice: “Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: ‘Este será el procedimiento del rey que reinará sobre ustedes: tomará a sus hijos y los pondrá para sí en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros. Nombrará para sí jefes de miles y de cincuentenas, y los pondrá a arar sus campos y a segar su cosecha, y a hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros. Tomará también a sus hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará además lo mejor de sus campos, de sus viñas y de sus olivares y se lo dará a sus siervos. Tomará el diezmo de sus semillas y de sus viñas para darlo a sus oficiales y a sus siervos. También tomará a sus siervos, a sus siervas, a sus mejores jóvenes y a sus asnos y los usará para sus obras. Tomará el diezmo de sus rebaños, y ustedes mismos vendrán a ser sus siervos. Entonces clamarán aquel día a causa de su rey que escogieron para ustedes, pero el Señor no les responderá en aquel día.’” Esto no significa que todo gobierno sea malo, sino que todo poder humano necesita límites morales.

c) La falsa libertad moral. Muchas ideologías modernas enseñan que la libertad humana consiste en definir autónomamente: la sexualidad, la identidad, la familia, la moral, la verdad. Pero la Escritura enseña en Proverbios 14:12 “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte.” La verdadera libertad no consiste en vivir contra Dios, sino en vivir conforme a Su verdad. Juan 8:32 dice: “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” ¿Cuál verdad? La verdad de Dios y ninguna otra. La verdad de Dios nos hace verdaderamente libres en Cristo.

4. Temas morales decisivos para el creyente. La Biblia establece principios morales claros sobre asuntos fundamentales que hoy son centrales en los debates políticos.

a) El aborto y el valor de la vida humana. La Escritura enseña que la vida humana pertenece a Dios desde el vientre materno. Salmo 139:13-16 dice: “Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” Jeremías 1:5 dice: “Antes que Yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.” Éxodo 20:13 dice: “No matarás.” El creyente debe considerar seriamente las implicaciones morales de apoyar plataformas políticas que promueven el aborto como derecho.

b) La inmoralidad sexual y el diseño divino. La Biblia enseña que Dios creó: al hombre y a la mujer, el matrimonio, la sexualidad, con un diseño específico. Génesis 1:27 dice: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Génesis 2:24 dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Mateo 19:4-6 dice: “Él respondió: ‘¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, y añadió: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.’”

c) La condena de la inmoralidad sexual. Romanos 1:26-27 dice: “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.” 1 Corintios 6:9-10 dice: “¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.” Esto no autoriza odio ni violencia contra personas pecadoras. Todos los hombres necesitan arrepentimiento y gracia. Pero el creyente no puede llamar bueno lo que Dios llama pecado.

d) Trabajo, subsidios y responsabilidad personal. La Biblia manda ayudar al necesitado verdadero, pero también enseña la responsabilidad del trabajo. 2 Tesalonicenses 3:10-12 dice: “Porque aun cuando estábamos con ustedes les ordenábamos esto: Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque oímos que algunos entre ustedes andan desordenadamente, sin trabajar, pero entrometiéndose en los asuntos ajenos. A los tales les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajando tranquilamente, coman su propio pan.” Efesios 4:28 dice: “El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.” La Biblia promueve: trabajo digno, responsabilidad personal, ayuda al necesitado, generosidad, pero no fomenta la ociosidad deliberada.

e) Corrupción, mentira y manipulación. Proverbios 12:22 dice: “Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que obran fielmente son Su deleite.” Proverbios 29:4 dice: “El rey afianza la tierra con la justicia, pero el hombre que acepta sobornos la destruye.” Levítico 19:11 dice: “No hurtarán, ni engañarán ni se mentirán unos a otros.” La mentira política, la manipulación ideológica y la corrupción institucional son pecados delante de Dios.

5. ¿Cómo debe actuar el creyente cuando ningún candidato es verdaderamente cristiano?

En muchas elecciones ningún candidato representa plenamente principios bíblicos. La Biblia reconoce que Dios puede usar incluso gobernantes paganos para cumplir Sus propósitos. Isaías 45:1 dice: “Así dice el Señor a Ciro, Su ungido, a quien he tomado de la mano derecha para someter naciones delante de él.” Ciro no era israelita ni adorador del Dios verdadero, pero Dios lo utilizó providencialmente.

a) El creyente debe buscar sabiduría. Santiago 1:5 dice: “Pero si alguno de ustedes se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” El discernimiento político requiere: oración, estudio, análisis bíblico, conciencia limpia.

b) El creyente debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Hechos 5:29 dice: “Pedro y los apóstoles respondieron: ‘Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres.’” Cuando una plataforma política contradice directamente principios fundamentales de Dios, el creyente debe priorizar la fidelidad a Dios.

c) El creyente debe actuar con conciencia limpia. Romanos 14:23 dice: “Pero el que duda, si come se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado.” La conciencia cristiana debe estar cautiva de la Palabra de Dios, no de la presión social.

6. Análisis bíblico de plataformas políticas contemporáneas en el caso de Colombia

El creyente genuino debe analizar las plataformas políticas no desde simpatías emocionales ni lealtades partidistas, sino desde una cosmovisión bíblica. La Escritura enseña que toda autoridad humana será juzgada por Dios y que toda sociedad será bendecida o degradada dependiendo de su relación con la verdad divina. Proverbios 14:34 dice: “La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es afrenta para los pueblos.” Por ello, no basta con evaluar discursos emocionales, promesas económicas o afinidades ideológicas. El creyente debe examinar cuidadosamente: la visión moral de cada plataforma, sus principios antropológicos, su comprensión de la familia, su posición frente a la vida, su relación con la verdad, su actitud frente a la autoridad de Dios.

a) Iván Cepeda y la plataforma progresista del Pacto Histórico. La plataforma política asociada a Iván Cepeda Castro y al Pacto Histórico se ubica ideológicamente dentro de un progresismo de izquierda que enfatiza: justicia social, redistribución económica, ampliación de derechos, enfoque de género, transformación cultural, secularización progresiva del Estado. Desde una perspectiva bíblica, algunas preocupaciones sociales presentes en sectores progresistas pueden reflejar principios válidos relacionados con la defensa del vulnerable y la denuncia de injusticias. Proverbios 31:8-9 dice: “Abre tu boca por el mudo, por los derechos de todos los desdichados. Abre tu boca, juzga con justicia y defiende los derechos del afligido y del necesitado.” La Biblia sí condena: la opresión, la injusticia, el abuso del pobre, la corrupción estructural.

Sin embargo, el problema fundamental no radica solamente en objetivos sociales sino en la cosmovisión moral que sustenta las plataformas progresistas contemporáneas. En temas de: sexualidad, identidad, familia, aborto, eutanasia, relativismo moral, la plataforma progresista contemporánea entra en oposición directa con la enseñanza de las Escrituras.

Por ejemplo la llamada agenda LGTBQ+. Génesis 2:24 dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Romanos 1:26-27 dice: “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.”

Asimismo, los sectores progresistas suelen promover el aborto como derecho reproductivo. Salmo 139:13-16 dice: “Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” La cosmovisión progresista moderna generalmente considera la moral como dinámica y construida socialmente, mientras la Biblia enseña una moral objetiva fundada en el carácter inmutable de Dios. Malaquías 3:6 dice: “Porque Yo, el Señor, no cambio.”

Por ello, desde una perspectiva bíblica, esta plataforma se aleja significativamente de: la antropología bíblica, la ética sexual bíblica, el diseño divino de la familia, la autoridad moral de las Escrituras.

b) Paloma Valencia y el conservadurismo del Centro Democrático. La plataforma asociada a Paloma Valencia y sectores del conservadurismo colombiano presenta mayor cercanía con principios tradicionalmente defendidos por el cristianismo en temas relacionados con: la defensa de la vida, la familia tradicional, autoridad, orden social, rechazo a ideologías de género. Aunque como se ha conocido públicamente, dicho partido nombró a un homosexual como fórmula vicepresidencial, en una franca contradicción con su propia plataforma política. Génesis 1:27 dice: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Mateo 19:4-6 dice: “Él respondió: ‘¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, y añadió: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.’”

Además, el énfasis en: autoridad legítima, seguridad, fortalecimiento institucional, protección del orden, encuentra cierto paralelo con Romanos 13. Romanos 13:4 dice: “Porque es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo.” Sin embargo, el creyente debe evitar convertir el conservadurismo político, ideológicamente llamado centro derecha, en equivalente automático del cristianismo. La Biblia también condena: corrupción, hipocresía, injusticia, orgullo, clientelismo, favoritismo. Amós 5:24 dice: “Pero corra el juicio como las aguas y la justicia como arroyo inagotable.” Por tanto, aunque esta plataforma parece alinearse más claramente con principios bíblicos relacionados con: vida, sexualidad, familia, el creyente todavía debe evaluar: integridad moral, transparencia, justicia, honestidad, coherencia ética.

c) Abelardo de la Espriella y la aparente derecha conservadora fuerte. La plataforma asociada a Abelardo de la Espriella enfatiza: oposición al aborto, rechazo a la eutanasia, defensa de la familia tradicional, libertad religiosa, autoridad fuerte, seguridad, mano dura contra la criminalidad. En varios temas morales su discurso se acerca considerablemente a posiciones sostenidas históricamente por sectores cristianos conservadores. Sin embargo, la Biblia no solo evalúa posiciones doctrinales externas, sino también: el carácter, la prudencia, la humildad, el dominio propio, el espíritu de mansedumbre. Proverbios 16:18 dice: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu.” Santiago 1:20 dice: “Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”

La Escritura advierte contra: la arrogancia política, el culto a la personalidad, la exaltación excesiva del poder, el espíritu pendenciero, el nacionalismo idolátrico. Salmo 146:3 dice: “No confíen en príncipes, ni en hijo de hombre, en quien no hay salvación.” Por ello, aunque en términos morales esta plataforma parece cercana a principios bíblicos relacionados con: la vida, la sexualidad, la familia, el rechazo al progresismo socialista y comunista, el creyente debe analizar cuidadosamente: el tono del liderazgo, la prudencia, la integridad, la humildad, la coherencia ética.

Si ninguno de los candidatos ni las plataformas o partidos están alineados completamente con las Escrituras, ¿Qué podemos hacer? Lo más probable es que ninguno de los candidatos ha nacido de nuevo, no es creyente verdadero. Entonces, decidir no votar es una opción válida y no es pecado. El único gobernante de la tierra que se alineará perfectamente con toda la Escritura será Jesucristo en el milenio y no habrá elecciones porque Dios mismo lo ha coronado Rey de reyes y Señor de señores. Ahora, participar en las elecciones y decidir votar en blanco es una opción válida y no es pecado, puesto que el sistema democrático establecido ofrece esa opción para expresar que ninguno de los candidatos se alinea completamente con la Biblia. Sin embargo, tenemos libertad en Cristo, para decidir votar por uno de los candidatos en la contienda electoral que represente un "mal menor" para la nación con una conciencia clara que una parte importante de sus propuestas estén más alineadas con las Escrituras -aunque no plenamente- que otros candidatos; es una opción válida para el creyente genuino y no es pecado. Porque la Biblia contiene numerosos pasajes que instan a los creyentes a buscar el bienestar de la sociedad, promoviendo la justicia, la tranquilidad, la generosidad y el servicio al prójimo. Jeremías 29:7 dice: "Busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado y pidan al SEÑOR por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad»." Dios llama a trabajar por el bienestar del lugar donde se vive. 1 Timoteo 2:1-2 dice: "Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad." Dios insta a orar por las autoridades para vivir en tranquilidad y pacíficamente. Gálatas 6:10 dice: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe". Si el cristiano decide votar por un candidato cuyas propuestas se alejan, incluso se oponen a las Escrituras, es un acto de necedad, no es sabio y es pecaminoso, por cuanto Dios nos ha dado discernimiento bíblico para votar por un candidato o un partido político, que sea el mal menor para la sociedad donde vivimos, y esto traerá bendición a la nación -no degradación- precisamente porque estaríamos más alineados con la voluntad de Dios y Él es perfectamente justo, sabio, fiel, veraz y absolutamente misericordioso y bondadoso en todas sus actuaciones y decisiones reveladas en Su Palabra.

El voto cristiano no puede ser reducido a tribalismo político, emociones personales ni propaganda ideológica. La Escritura enseña que el creyente debe someter toda decisión pública al señorío de Dios y a la autoridad suprema de Su Palabra. Romanos 12:2 dice: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” El creyente genuino debe rechazar: el relativismo moral, la idolatría política, el fanatismo partidista, la corrupción electoral, el clientelismo, la manipulación ideológica. Debe evaluar cada plataforma conforme a: la verdad de Dios, la justicia de Dios, el diseño moral de Dios, la dignidad de la vida humana, el orden creado, la autoridad de las Escrituras.

Desde una perspectiva bíblica, la plataforma asociada al progresismo contemporáneo representado por Iván Cepeda y el Pacto Histórico está más alejada de principios bíblicos relacionados con la moral sexual, la familia, la economía y la autoridad; las plataformas conservadoras asociadas a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella están más cercanas en asuntos relacionados con la vida, la familia, la autoridad y el rechazo al progresismo moral; sin embargo, ninguna plataforma representa plenamente el reino de Dios ni está exenta de pecado, corrupción o riesgos morales. Por ello, el creyente debe votar: con oración, con discernimiento, con estudio serio, con conciencia limpia, con temor de Dios, y con fidelidad absoluta a las Escrituras. Gálatas 1:10 dice: “Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.” Mateo 6:33 dice: “Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.”

La esperanza final del creyente no está: en un partido político, en un candidato, en un presidente, en un gobierno, en un sistema político, ni en una ideología humana. La esperanza verdadera está en Cristo y en Su reino eterno. Mientras vive en este mundo, el creyente genuino debe participar en la vida pública con integridad, discernimiento y obediencia a Dios.

Después de toda reflexión política, moral, cultural o social, el ser humano sigue enfrentando la misma realidad inevitable: comparecerá delante del Dios santo y justo que creó los cielos y la tierra. Ninguna ideología, partido político, tradición religiosa, activismo cultural o aparente bondad podrá justificar al hombre en el día del juicio. La Escritura declara que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, y que el problema más profundo de la humanidad no es solamente externo, sino el pecado que habita en el corazón: rebelión contra Dios, orgullo, idolatría, mentira, inmoralidad, injusticia y rechazo de la verdad divina.

El evangelio verdadero no comienza exaltando al hombre, sino revelando su condición desesperada delante de un Dios perfectamente santo. Dios no solamente juzgará el pecado como concepto abstracto; juzgará a los pecadores que persisten en su rebelión y rechazan a Su Hijo amado. La ira justa de Dios permanece sobre todo aquel que vive apartado de Cristo, aunque tenga religión, conocimiento bíblico superficial o apariencia de piedad y moralidad. El día vendrá cuando toda boca se cerrará y toda persona dará cuenta de sí delante del Juez eterno. En ese día no habrá excusas, neutralidad ni escondite.

Pero precisamente allí resplandece la gloria del evangelio: Dios, en Su misericordia, envió a Su Hijo Jesucristo al mundo para salvar pecadores. Jesucristo vivió la vida perfecta que nosotros jamás hemos vivido; obedeció plenamente la Ley de Dios, y luego fue crucificado voluntariamente, cargando sobre Sí el castigo que merecen todos aquellos que creen en Él. En la cruz, Cristo sufrió la ira divina contra el pecado, y al tercer día resucitó victorioso sobre la muerte, el pecado y Satanás, demostrando que es Señor y Salvador. La salvación no se obtiene por obras, méritos religiosos, buenas intenciones, ni esfuerzos humanos, sino únicamente por gracia mediante la fe verdadera en Jesucristo.

Por eso, el llamado urgente de Dios para usted es claro: arrepiéntase genuinamente y crea en el evangelio verdadero de Jesucristo. Arrepentirse no significa solamente sentir remordimiento emocional o temor pasajero; significa reconocer el pecado delante de Dios, abandonar la rebelión contra Él y volverse sinceramente a Cristo como Señor. La fe verdadera no es mera aceptación intelectual de ciertos datos religiosos, sino confianza total en Jesucristo, rendición a Su autoridad y dependencia absoluta de Su obra salvadora.

No endurezca su corazón. La vida es breve, la muerte es segura y el juicio venidero es real. Hoy es el día de buscar al Señor mientras puede ser hallado. Cristo recibe con misericordia a todo pecador que viene a Él con arrepentimiento y fe. Pero rechazar al Hijo de Dios tiene consecuencias eternas. La misma Escritura que anuncia el amor y la gracia de Dios también advierte solemnemente sobre la condenación eterna para quienes menosprecian el evangelio.

Por tanto, examine su vida delante de Dios. No confíe en sí mismo, en su moralidad, en su religión, en su conocimiento o en su posición social. Venga a Cristo. Clame a Él por misericordia y salvación. Reconozca su pecado, abandone su autosuficiencia y descanse únicamente en Jesucristo crucificado y resucitado. Porque sólo en Él hay perdón, reconciliación con Dios, vida eterna y verdadera esperanza.

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