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Antes que sea tarde: ¡El evangelio que puede salvar tu alma!


Hoy quiero hablarte con el corazón, con amor, pero también con la verdad y con urgencia. Dios no es como nosotros. Él es santo, justo, inmutable, perfecto en todos Sus caminos. Es eterno, infinito, veraz, sabio, fiel, poderoso, lleno de gloria. Nada ni nadie escapa a Su mirada. Nada ni nadie puede compararse con Él.

“Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.” dice Isaías 6:3

Y ese mismo Dios es bueno, paciente y misericordioso; pero también es santo y justo.

Ahora escucha esto con seriedad: nuestro mayor problema no es lo que nos pasa, es nuestro pecado. Hemos vivido de espaldas a Dios. Hemos amado más este mundo que a nuestro Creador. Hemos pecado en pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos.

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” dice Romanos 3:23 No dice algunos o la mayoría, dice "todos".

El pecado no es algo pequeño; nos separa de Dios y nos deja bajo Su justo juicio.

“La paga del pecado es muerte.” dice Romanos 6:23 Nuestro salario por pecar es la muerte, por eso todos morimos. Esta es la prueba real de que todos somos pecadores delante de un Dios santo, perfecto y justo.

Pero aquí está la esperanza; la única esperanza: Dios, en Su amor, envió a Su Hijo Jesucristo. Jesucristo vivió la vida perfecta que tú y yo no podemos vivir, y murió en la cruz cargando el castigo que nosotros merecíamos.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” dice Romanos 5:8

Y en la cruz ocurrió algo profundo y glorioso: la santa ira de Dios contra el pecador fue derramada sobre Su propio Hijo. Jesucristo tomó nuestro lugar, como nuestro sustituto perfecto, cargando la culpa y recibiendo el castigo que nosotros merecíamos. Él sufrió plenamente la condena, para que todo aquel que cree no tenga que enfrentarla, sino recibir el perdón y, además, la vida eterna.

Y al tercer día resucitó, venciendo el pecado y la muerte. Él no es una opción más. Él es el único camino.

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” dice Jesús en Juan 14:6

Hoy no te estoy invitando a una religión; te estoy llamando a reconciliarte con Dios. Arrepiéntete de tus pecados. Deja de vivir para ti mismo. Rinde tu vida a Jesucristo como tu Señor y Salvador.

“Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” dice Hechos 3:19

No endurezcas tu corazón. No dejes esto para después. ¡Mañana puede ser demasiado tarde!

Cristo es Rey de reyes y Señor de señores; y un día estarás delante de Él.

"De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo." dice Romanos 14:12.

Hoy es el día de salvación. Hoy es el momento de venir a Jesucristo con un corazón humilde.

Si escuchas Su voz… no la ignores.

Con amor te lo digo: no hay nada más importante que tu alma.

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