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martes, 16 de febrero de 2021

El Evangelio




El Evangelio es muy simple, Jesucristo. ¿Quién de nosotros está cansado de oír del Señor Jesucristo? Él es el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre. Enviado a este mundo para nacer de una virgen para que él fuese sin pecado, que Él pudiese nacer bajo la ley, guardar la misma ley que tú y yo rompemos día tras día, tras día. El perfecto, sin pecado, Hijo de Dios ha cumplido a la perfección todos los requisitos de la ley de Dios, y está listo para dar su justicia para que nosotros pudiésemos tener una posición perfecta delante de Dios. Que fue a una cruz; allí fue levantado para morir. Que en esa cruz, los pecados de todos los que creerían en Él fueron transferidos a El. Y al que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios. El gran intercambio de la cruz. Lo peor de mí puso sobre El, lo mejor de El ahora ahora es puesto sobre mí al derramar Su sangre en la cruz.

Él reconcilió al hombre pecador a Dios santo. No hay otro camino para nosotros de tener una relación con un Dios infinitamente santo, excepto a través de la sangre de la cruz del Señor Jesucristo. Y fue mediante su muerte sustituta, vicaria llevo el pecado sobre esa cruz, fue como si Él tomase al hombre pecador en una mano, y el Dios santo en la otra mano y la llevó a los dos juntos a través de Su muerte. Mediante esa muerte Él satisfizo la justa ira de Dios y aplacó Su ira hacia todos los que creyeran en El.

Ahora por lo tanto ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Fue a través de esa muerte que Él redimió a los pecadores sacándolos del mercado de esclavos del pecado, y nos redimió de la tiranía de las garras de Satanás sobre nuestras vidas. Fue por esa muerte que Jesucristo ha proporcionado ahora salvación gratuita para todos los que invocan Su nombre. Él fue bajado de la cruz, Él dijo: “Consumado es.” No, estoy consumando sino “Consumado es.”

Había completado la misión de salvación que Él había venido a este mundo a cumplir. Fue enterrado en la tumba de un hombre rico y al tercer día el poder que estaba en Él – el Hijo de Dios – Él se levantó de entre los muertos. Salió de la tumba un resucitado, viviente, victorioso, Salvador. Él ascendió a los cielos, está ahora sentado a la diestra de Dios Padre, y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. El es poderoso para salvar perpetuamente a todos los que le invocan.

Clamar al Señor Jesucristo es apartar la mirada de sí mismo, apartar la mirada de la religión, apartar la mirada de su iglesia, apartar la mirada de su denominación, apartar la mirada de su bautismo y su membresía de la iglesia, y todas sus buenas obras y mirar exclusivamente al Señor Jesucristo.

Él dice: "Al que viene a mí yo no le echo fuera." Él ama a salvar a los pecadores. Él es el amigo de los pecadores. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él no vino a los justos, Él vino por los injustos. Él es un buen médico. No vino por el sano, sino a los que están enfermos.

¿Lo puedes decir en este momento cuan pecador eres, cuan enfermo estás por el pecado? - Que usted es incapaz de salvarse a sí mismo. ¿Clamarías a Él? Di: Señor Jesús, sálvame. Soy un pecador miserable destinado al infierno, pero tu gracia se ofrece a los pecadores como yo. Y si vas a invocar Su nombre en este mismo momento te prometo por el poder de la palabra de Dios que Él te salvará – Él te salvará hoy. Él lavará tus pecados. Serás limpio y puro desde la parte superior de la cabeza hasta la planta de los pies.

Él dice: "Ven, razonemos juntos. Si vuestros pecados fueren como la grana, vendrán a ser blancos como la nieve. Si fueren rojos como el carmesí vendrán a ser como blanca lana.” Si vas a recurrir a Él, Él te dará Su justicia. Es un don gratuito. No hay nada que puedas hacer para ganarlo. No hay nada que puedas hacer para merecerlo. Él te cubrirá con las vestiduras perfectas de Su justicia. Y cuando Dios te mire habrá una cubierta para tu pecado. Él verá sólo la perfecta justicia de Jesucristo que cubre la totalidad de lo que eres – un alma enferma de pecado. Vas a encontrar la aceptación de Dios, y un día cuando mueras Él te llevará a la misma presencia del Padre y te presentará sin mancha delante del trono de Dios.

Él dice: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.” Pedro dijo que no hay salvación en ningún otro nombre. Porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Pablo dice que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Quien se dio a sí mismo en rescate por todos siendo un testimonio nacido en el momento adecuado.

Si te alejas de esta oferta gratuita del evangelio, no hay esperanza para tu alma. Habrás pisoteado la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Quiero decirte que el infierno no puede ser lo suficientemente caliente para que puedas escuchar este mensaje, escuchar esta verdad, y rechazar al Señor Jesucristo, que sufrió y sangró y murió en la cruz del Calvario para salvar a los pecadores.

Si niegas el evangelio tu sangre está en tus propias manos y sufrirás en el infierno para siempre bajo el tormento de la ira de Dios. Estarás entre los tormentos de los condenados, y nunca vas a encontrar alivio para tu alma.

Pero hoy las puertas del paraíso se abrieron a ti, y puedes venir y puedes entrar.  Y Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.” ¡Qué difícil es que puedas seguir viviendo una vida de pecado. Cuán glorioso sería entrar en el yugo del Señor Jesucristo y recibir Su salvación. Este es un momento decisivo en tu vida. Nunca tendrás una oportunidad como esta de nuevo en que el evangelio es tan claramente presentado a ti, y por lo que te ruego, te lo ruego, si no eres salvo, si no te has comprometido, en este momento encomienda tu vida a Jesucristo. Él te recibirá, Él te salvará, Él le lavará, y un día él te llevará al cielo donde pasarás toda la eternidad con El.

Esta es la mayor oferta que se haya hecho a alguien en esta tierra.. Se trata de las gloriosas buenas nuevas de la salvación en Jesucristo. Así que te insto en este momento si nunca has creído en Jesucristo, de corazón digas, Señor Jesús yo soy un pecador, y tu un Salvador, yo soy un gran pecador, Tu un gran Salvador, y ahora en este momento como un acto de mi voluntad, comprometo todo lo que yo soy a Ti. Si usted nunca ha hecho eso, yo le pido que lo haga en este mismo momento.

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