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viernes, 25 de diciembre de 2020

Majestuosamente Impresionante




Creo que la mayor debilidad de nuestros días es el eclipse virtual del carácter de Dios, incluso dentro de nuestras iglesias. — Robert Charles Sproul

Cuando se le preguntó al Dr. Sproul "¿Cuál es la mayor necesidad de la gente en el mundo?" Sin dudarlo, el Dr. Sproul respondió: "La gente en el mundo necesita saber quién es Dios".

Profundizando para entender mejor el enfoque del ministerio, se le preguntó "¿Cuál es la mayor necesidad de la gente en la iglesia?" El Dr. Sproul volvió a responder sin dudarlo: "La gente de la iglesia necesita saber quién es Dios".

El Dr. Sproul tenía razón. La mayor necesidad de cada individuo es saber quién es Dios. No importa quién sea la persona – dentro o fuera de la iglesia, si es un verdadero creyente o un ateo militante – su necesidad más básica es conocer a Dios si quiere conocerse a sí mismo y entender el mundo que le rodea. Debe saber quién es Dios y cómo es. Cualquier otro conocimiento que alguien pueda adquirir es un lejano segundo en importancia. Todo en la vida de un individuo se ve afectado por su conocimiento de Dios. Un verdadero conocimiento de cómo es Él es así de importante.

NADA MÁS IMPORTANTE

El aspecto más importante de lo que somos es lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios. La trayectoria de nuestras vidas está dirigida por nuestra comprensión de Dios. Además, nuestro destino eterno depende de nuestra relación con Él y de quién creemos que es. Si queremos vivir como Él quiere que vivamos, debemos saber quién es Él y cómo es.

Según vaya nuestro conocimiento de Dios, así va la dirección de nuestras vidas. Una visión elevada de Dios nos llevará a una adoración elevada de Él. Una creciente comprensión de su carácter nos llevará a una vida santa y justa en la búsqueda de su voluntad. Por el contrario, una visión baja de Dios nos llevará a una menor alabanza a Él. Inevitablemente, una baja visión de Él nos llevará a una vida baja y vacía.

No hay nada más importante en nuestras vidas que conocer a Dios y vivir para la gloria de su gran y asombroso nombre.

El apóstol Pablo escribió, "ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (1ª Corintios 10:31). Vivir para la gloria de Dios debe impregnar cada parte de nuestras vidas – cuando nos levantamos por la mañana, cuando vamos a trabajar, cuando asistimos a la escuela, cuando adoramos en la iglesia, cuando servimos al Señor, y cuando nos vamos a dormir por la noche. 24 horas al día, siete días a la semana, cada momento debe ser vivido para la gloria de Dios.

EL FUNDAMENTO MAS FIRME

Conocer a Dios y contemplar su gloria es fundamental para todo en nuestras vidas. Edificar sobre cualquier otro fundamento es edificar sobre arena movediza. O vivimos para la gloria de Dios, o no vivimos en absoluto, sólo existimos. Si vamos a vivir realmente como Él quiere, nuestros corazones deben ser, en primer lugar, dirigidos hacia la búsqueda de la gloria de Dios. La gloria de Dios debe ser lo primero y todo lo demás debe estar en un lejano segundo lugar. No vivir para la gloria de Dios es sobrellevar una existencia vacía. Dios debe ser el epicentro de nuestras vidas. Existimos para su gloria – Dios nos creó para este alto propósito. Este debe ser nuestro principal fin. De lo contrario, hemos desperdiciado nuestras vidas.

Vivir para la gloria de Dios es el principio y el fin de todas las cosas. Esta gloria divina es el sol ardiente alrededor del cual nuestras vidas deben girar. Cuando lleguemos al final de nuestras vidas, todo lo que importará es una respuesta afirmativa a esta pregunta crucial: ¿Vivimos para la gloria de Dios? Si no vivimos para Dios, hemos desperdiciado nuestras vidas en la tierra. Pero si buscamos la gloria de Dios, nuestras vidas habrán sido bien gastadas y vividas al máximo. Sólo en la búsqueda de la gloria de Dios nuestras vidas contarán para el tiempo y la eternidad.

UNA PASIÓN CONVINCENTE

Para entender mejor esta prioridad, quiero que consideremos a un hombre que vivió hace más de tres mil años para la gloria de Dios. Es un ejemplo intemporal de una vida vivida para Dios, y es tan relevante hoy como cuando persiguió a Dios por primera vez. Este hombre fue Moisés, quien lideró el éxodo de la nación de Israel sacándolos de la esclavitud egipcia. Fue el autor de los primeros cinco libros de la Biblia-Génesis a través de Deuteronomio. He aquí un hombre que se atrevió a gritarle a Dios: "¡Muéstrame tu gloria!" (Éxodo 33:18). Aquí hay un hombre que vive en la búsqueda apasionada de la gloria de Dios. Aquí hay un hombre determinado por conocer más de la gloria de Dios. Esta ambición impulsora de su vida es un ejemplo para cada uno de nosotros y es digna de nuestra emulación.

Aquí está el trasfondo de este dramático encuentro de Moisés con Dios. El lugar es el Monte Sinaí, y Moisés ya ha estado en la cima de la montaña una vez. Mientras Moisés se reunía con Dios en la cima para recibir la ley, la gente estaba abajo en el valle rompiendo su ley al crear un ídolo para adorar. Cuando bajó y vio lo que el pueblo estaba haciendo, Moisés, con justa indignación, rompió las dos tablas que contenían la inscripción de los Diez Mandamientos. Guiar a esta gente rebelde en este viaje a la tierra prometida sería el mayor desafío de su vida.

UNA ORACIÓN SINCERA

Si había un hombre que necesitaba conocer más de Dios, era Moisés. Si alguna vez hubo un momento para este mayor conocimiento, fue ahora. ¿Cómo podría soportar estas dificultades tan exigentes? ¿Cómo podía perseverar bajo tan angustiosa adversidad? ¿Cómo podía este hombre de Dios soportar los enormes desafíos de liderar a millones de israelitas rebeldes? La respuesta es simple, pero profunda. Necesitaba un conocimiento más profundo de Dios.

Lo mismo es cierto para cada uno de nosotros. Si queremos vivir la vida al máximo, debemos conocer al Dios que nos ha hecho a su imagen y semejanza. Si vamos a enfrentarnos a las muchas dificultades que tenemos por delante, debemos conocer a Aquel que tiene un propósito y un plan eterno para nuestras vidas. De lo contrario, nos veremos reducidos a una vida mundana que fracasa en no cumplir con lo que Él ha diseñado para nosotros.

DIOS ES GLORIOSO

La petición que Moisés hizo ese día trascendental fue extraordinariamente atrevida: "¡Te ruego que me muestres tu gloria!" (Éxodo 33:18). Cuando ofreció esta audaz oración, ya había visto la gloria de Dios en formas que excedían por mucho lo que cualquier otro había visto de la gloria de Dios.

Antes de este encuentro con Dios, Moisés ya había estado en tierra santa en la zarza ardiente. Había escuchado la voz audible de Dios diciendo, "YO SOY EL QUE SOY" (Éxodo 3:14). En el momento de esta audaz petición, Moisés ya había sido testigo de la columna de nube que sacó a Israel de Egipto (Éxodo 13). Había visto la mano invisible de Dios separar el Mar Rojo y ahogar a las hordas del faraón (Éxodo 14). Ya había visto salir agua de una roca (Éxodo 17) y había visto el fuego caer sobre el monte Sinaí y consumir la ladera de la montaña (Éxodo 19). Moisés ya había vislumbrado estas manifestaciones de la gloria de Dios. Sin embargo, Moisés todavía ora: “¡Muéstrame tu gloria!”

Moisés está orando para ver y experimentar un conocimiento aún más profundo de Dios. Moisés comprendió que sólo había rozado la superficie de las profundidades sin fondo de la majestad de Dios. Apenas había puesto la punta de su dedo más pequeño en los vastos océanos de las maravillas de Dios. Debía conocer más de este asombroso Dios.

EL PESO DE LA GRANDEZA

Cuando Moisés oró por un mayor conocimiento de la gloria de Dios, debemos entender el significado de esta palabra gloria. Se traduce como una palabra hebrea (kabod) que significa "pesado" o "peso". En la antigüedad, la grandeza de un hombre estaba determinada por el peso de sus bienes. Cuanto más rico era el hombre, más pesado era la acumulación de su plata, oro y joyas preciosas. La palabra representaba la grandeza de un hombre en la comunidad que lo rodeaba. El peso de su riqueza determinaba la medida de la influencia que tenía.

En relación con Dios, la palabra gloria representa la infinita pesadez de lo que Él es. La gloria de Dios refleja la suma y la sustancia de su carácter santo. Abarca sus perfecciones divinas, atributos y esencia. Incluye su santidad, soberanía, justicia, omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia, verdad, gracia, misericordia, bondad, amor e ira. Es la divinidad de Dios. En resumen, la gloria de Dios es el despliegue de su infinita grandeza y su vasta grandeza.

Esta oración de que Dios revele más de Su grandeza es lo que Moisés debe experimentar para encontrar la fuerza para perseverar. Después de dejar Egipto y llegar al Monte Sinaí, Moisés se enfrenta a los crecientes desafíos de su ministerio. Se enfrenta a las presiones de liderar un grupo de israelitas rebeldes a través del desierto. Con un amplio conocimiento de Dios, puede soportar cualquier dificultad en el largo viaje que le espera. Con un conocimiento más íntimo de Dios, puede perseverar a través de los tiempos más difíciles. Si Dios le muestra Su gloria, puede soportar las pruebas de fuego y las aflicciones que están por venir.

DIOS ES AUTO-REVELADOR

Dios elige responder a la petición de Moisés con una declaración afirmativa. Dios dijo: “Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del Señor delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión.” (Éxodo 33:19). Dios respondió positivamente, indicando que daría a conocer su gloria a Moisés de maneras aún más grandes. Cuando nos acercamos a Dios en humilde sumisión, deseando conocer más de Él, se deleita en revelarnos más de sí mismo.

Dios dice: “Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti.” En este pasaje, la gloria de Dios se equipara con su bondad. Este aspecto de Dios representa su pureza moral. Dios añadió que Él "proclamará el nombre de Jehová delante de ti" (versículo 19). Esto significa que predicará a Moisés y expondrá Su propia gloria. La palabra "proclamar" (qara en hebreo) conlleva la idea de levantar la voz y declarar. A veces se usa para describir el rugido de un león. Dios anuncia que traerá una exposición autoritativa y poderosa de sí mismo a Moisés. Esta será una ferviente y apasionada proclamación de Dios a su siervo. Específicamente, Dios predicará sobre "el nombre del Señor". El nombre divino se refiere a todo lo que Dios es, la totalidad de su naturaleza, carácter y persona.

Moisés sólo puede conocer a Dios en la medida en que Dios elija darse a conocer. Lo más grande debe ser condescendiente con lo más pequeño. Moisés no puede exigir nada a Dios. Moisés sólo puede apelar a Dios para revelar más de sí mismo. Esta auto-revelación de Dios está enteramente a su discreción soberana.

De la misma manera, cada uno de nosotros sólo puede conocer a Dios en la medida en que Él nos permita conocerlo. Algunos de nosotros seremos más íntimos con Dios que otros. Algunos de nosotros lo buscarán más que otros. Pero cada uno de nosotros debe buscarlo con entusiasmo, sabiendo que Él recompensa a los que lo buscan (Hebreos 11:6).

DIOS ES AUTÓNOMO

En el corazón de lo que Dios elige proclamar a Moisés está la verdad de Su gracia soberana y Su misericordia salvadora. Dios dice: "Seré misericordioso con quien sea misericordioso". Esta gracia hacia las criaturas pecadoras e indignas es el ápice de su gloria. Él elegirá soberanamente poner su favor salvador en quien quiera. En otras palabras, Dios tratará a Moisés con misericordia, a diferencia del ejercicio de su ira hacia el faraón y los egipcios.

Dios es autónomo. Hará lo que le plazca. Sólo Él posee el derecho de autogobierno y tiene completa libertad en sus acciones. Dios es autogobernado y autodeterminado. Es independiente de la voluntad de Sus criaturas, tanto soberano como libre en Sus acciones.

Si quiere entender la gloria de Dios, entienda esta declaración: "Seré misericordioso con quien sea misericordioso". El apóstol Pablo cita este versículo en la cúspide de su argumento en Romanos 9, enseñando la libertad de la voluntad divina: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión.” (versículo 15). Luego Pablo explica: “Así que del que quiere tiene misericordia, y al que quiere endurece” (versículo 18). Contemplar la gloria de Dios en mayor medida es percibir más cuidadosamente su gracia electiva y su misericordia predestinada. Esta revelación divina está llevando a Moisés más profundamente dentro del corazón de Dios.

La misericordia de Dios es su tierna compasión por aquellos que están indefensos y sin esperanza en su pecado. En un paso de favor inmerecido, Dios, que es "rico en misericordia" (Efesios 2:4), elige acercarse a aquellos que están arruinados por sus iniquidades. El apóstol Pablo escribe: "Nos salvó, no por obras que hayamos hecho en justicia, sino por su misericordia" (Tito 3:5). Es su misericordia la que le mueve a salvar a los que están pereciendo. Pedro señala: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva," (1ª Pedro 1:3). Entender la grandeza de la gloria de Dios es entender que pone su corazón en los pecadores que ha elegido para salvar. Nos ve en nuestro estado de ruina total. Por razones que sólo Dios conoce, elige tener misericordia de aquellos que no tienen derecho a ella.

¿Ha puesto Dios en Cristo Su misericordia sobre ti? ¿Ha elegido Dios tener compasión de ti? Si es así, esta es una extraordinaria revelación de Su gloria hacia ti.

DIOS ES MARAVILLOSO

Si Moisés va a contemplar este gran despliegue de gloria divina, Dios debe misericordiosamente poner restricciones a su auto-revelación. Si Dios manifestara todo lo que es en su gloria ardiente, Moisés moriría inmediatamente. No podría soportar contemplar la plena revelación de la gloria de Dios. La carne finita no puede mirar a un Dios infinito y vivir. Sería más fácil para Moisés mirar directamente a la luz ardiente del sol que mirar a Dios en su deslumbrante gloria. Por lo tanto, Dios tuvo la gracia de darle a Moisés estas limitaciones para que no muriera.

Dios entonces explicó por qué estas restricciones eran necesarias: “No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir.” (Éxodo 33:20). Un encuentro tan cercano con Dios mataría a Moisés. Además, Dios es espíritu, sin ninguna forma física. Es un ser invisible sin cuerpo. El apóstol Juan está de acuerdo: “Nadie ha visto jamás a Dios;” (Juan 1:18). Jesús dice: “Nadie ha visto al Padre” (Juan 6:46). Pablo añade que sólo Dios “el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.” (1ª Timoteo 6:16). Juan afirma de nuevo: “A Dios nadie le ha visto jamás” (1ª Juan 4:12).

El "rostro" de Dios representa el despliegue de su gloria. Dios no tiene un rostro literal. Tampoco tiene brazos, manos, pies o partes del cuerpo. Cuando este lenguaje aparece en las Escrituras, utiliza expresiones antropomórficas en las que el Dios infinito se comunica a sí mismo al hombre finito en formas que podemos entender. Dios está tan lejos de nuestra comprensión que debe hablarnos en los términos más elementales. Debe usar metáforas para darnos una comprensión de lo que está más allá de nuestro alcance. Ver el rostro de Dios significa conocer y experimentar quién es Él. Si conociéramos más de su majestad, le amaríamos y adoraríamos más.

Aquí están las amables restricciones que el Señor le dio a Moisés: “Entonces el Señor dijo: He aquí, hay un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;” (Éxodo 33:21). Necesitaba retirarse a una distancia para no estar demasiado cerca de la brillante luz de la gloria de Dios. Se le dice que se esconda en la hendidura de la roca. Esto proveerá un amortiguador necesario entre él y Dios.

El Señor continúa: “y sucederá que al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado.” (versículo 22). La cegadora gloria de Dios pasará ante Moisés en un asombroso despliegue de santo resplandor. La hendidura de la roca será como un escudo para Moisés. Se esconderá allí para que no se consuma. Además, Dios pondrá su mano sobre Moisés como una cubierta. Esto será un segundo amortiguador.

Entonces Dios dice: “Después apartaré mi mano y verás mis espaldas; pero no se verá mi rostro” (versículo 23). Aquí hay una tercera capa de protección para Moisés. Sólo verá la espalda de Dios. No puede mirar directamente a la cara de Dios y vivir. Moisés sólo puede ver una gloria parcial, o el resplandor divino. No puede soportar contemplar la completa revelación de quién es Dios. Sin embargo, esta visión protegida de la gloria divina es más de lo que actualmente posee.

UN ENCUENTRO CERCANO

Cada uno de nosotros necesita un encuentro más cercano con este asombroso Dios. Nosotros también nos enfrentamos a presiones similares en la vida, como las que enfrentó Moisés. ¿Cómo vas a soportar las exigentes pruebas de tu vida? ¿Cómo perseverarás ante las muchas dificultades? ¿Cómo sobreviviremos en un mundo que persiguió a los profetas de Dios y crucificó al Señor Jesucristo? ¿Cómo te mantendrás firme en medio de innumerables tensiones? La respuesta está en lo que Moisés se atrevió a pedir: un conocimiento más profundo de Dios.

¿Quieres saber la voluntad de Dios para tu vida? La clave principal para discernir el camino que Dios ha elegido para ti es buscar el conocimiento de su gloria. ¿Tienes que tomar decisiones? ¿Tienes retos crecientes que enfrentar? Entonces ora esta sincera oración: “¡Dios, muéstrame tu gloria!” No importa dónde estemos en el viaje de la vida, ninguno de nosotros ha alcanzado el pleno conocimiento de Dios. Todos necesitamos orar esta sincera súplica. A medida que contemplemos más Su gloria y majestad, veremos más claramente quiénes somos y nuestra dirección en el plan de Dios.

¿Tu corazón espiritual es lento y tibio? Hay una cura segura. Cada uno de nosotros necesita orar con Moisés, “¡Muéstrame tu gloria!” Un creciente conocimiento de Dios nos permite vivir con una fe más amplia en medio de las tormentas de la vida. La única manera de anclarnos firmemente en la voluntad de Dios y no dejarnos influenciar por la turbulencia de este mundo es experimentando personalmente una comprensión mucho mayor del carácter de Dios. Un conocimiento más profundo de la gloria de Dios encenderá nuestros corazones con un amor ardiente por Él y una confianza en Él.

¿Deseas conocer más quién es Dios? ¿Anhelas tener una relación más profunda con Él? Si es así, ora esta oración que clamó Moisés. Pídele a Dios que te revele más de Sí mismo. Esta es una oración que Dios se complace en responder.

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