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jueves, 7 de mayo de 2020

1ª Pedro 1:1-9


1ª Epístola del Apóstol Pedro (Reina-Valera Revisada 1960)

Salutación

1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

Una esperanza viva

3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, 8 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; 9 obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.


1ª Epístola del Apóstol Pedro (La Biblia de las Américas)

Saludo

1 Pedro, apóstol de Jesucristo: A los expatriados, de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos 2 según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas.

La esperanza viva del cristiano

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, 4 para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. 6 En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, 7 para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; 8 a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en Él, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, 9 obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas.


1ª Epístola del Apóstol Pedro (Nueva Versión Internacional)

1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre: Que abunden en ustedes la gracia y la paz.

Alabanza a Dios por una esperanza viva

3 ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva 4 y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, 5 a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. 6 Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. 7 El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. 8 Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y, aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, 9 pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.


1ª Epístola del Apóstol Pedro (Nueva Traducción Viviente)

Saludos de Pedro

1 Yo, Pedro, apóstol de Jesucristo, escribo esta carta a los elegidos por Dios que viven como extranjeros en las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. 2 Dios Padre los conocía y los eligió desde hace mucho tiempo, y su Espíritu los ha hecho santos. Como resultado, ustedes lo obedecieron y fueron limpiados por la sangre de Jesucristo. Que Dios les conceda cada vez más gracia y paz.

La esperanza de la vida eterna

3 Que toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación 4 y tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse. 5 Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.  6 Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. 7 Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo. 8 Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible. 9 La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.


Comentario Bíblico de Matthew Henry:

Versículos 1—9. El apóstol bendice a Dios por sus beneficios especiales por medio de Cristo. 

Esta epístola está dirigida a los creyentes en general, que son extranjeros en toda ciudad o país donde vivan y están diseminados por todas las naciones. Ellos tienen que atribuir su salvación al amor electivo del Padre, la redención del Hijo y la santificación del Espíritu Santo; y, así, dar gloria al Dios único en tres Personas en cuyo nombre han sido bautizados. —La esperanza en el vocabulario mundano se refiere sólo a un bien incierto, porque todas las esperanzas mundanas son inestables, edificadas sobre arena, y las esperanzas del cielo que tiene el mundano son conjeturas ciegas y sin fundamento. Pero la esperanza de los hijos del Dios vivo es una esperanza viva; no sólo acerca de su objeto, sino también en su efecto. Vivifica y consuela en todas las angustias, capacita para enfrentar y superar todas las dificultades. La misericordia es la fuente de todo esto; sí, gran misericordia y misericordia múltiple. Esta bien cimentada esperanza de salvación es un principio activo y vivo de obediencia en el alma del creyente. —El tema del gozo cristiano es la memoria de la felicidad puesta por delante. Es incorruptible no puede acabarse; es una fortuna que no se puede gastar. También es incontaminada lo que significa su pureza y perfección. Inmarcesible porque no es más o menos placentera a veces, sino siempre la misma, no cambia. Todas las posesiones de aquí están manchadas con defectos y fallas; aún falta algo: casas lindas que tienen preocupaciones tristes revoloteando en torno a sus techos dorados y bien pintados; camas blandas y mesas llenas, a menudo con cuerpos enfermos y estómagos revueltos. Todas las posesiones están manchadas de pecado, sea al obtenerlas o al usarlas. ¡Cuán prontos estamos para hacer de las cosas que tenemos ocasión e instrumento de pecado, y pensar que no hay libertad ni deleite en su uso, sin abusar de ellas! Las posesiones mundanas son inciertas y pronto pasan como las flores y las plantas del campo. Eso debe ser del más alto valor, ya que se pone en el lugar mejor y más elevado: el cielo. Dichosos aquellos cuyos corazones pone el Espíritu Santo en esta herencia. Dios no sólo da gracia a su pueblo, pero lo preserva para gloria. —Cada creyente siempre tiene algo en que puede regocijarse grandemente; esto debe demostrarse en el semblante y la conducta. El Señor no aflige por gusto aunque su sabio amor suele asignar pruebas agudas para mostrar el corazón de su pueblo y para hacerles el bien al final. El oro no aumenta por ser probado en el fuego, se vuelve menos; pero la fe se afirma y multiplica por las tribulaciones y aflicciones. El oro debe perecer al final y sólo puede comprar cosas perecederas, mientras la prueba de fe será hallada para alabanza, honra y gloria. Esto debe reconciliarnos con las aflicciones presentes. Busquemos entonces creer en la excelencia de Cristo en sí y de su amor por nosotros; esto encenderá un fuego tal en el corazón que lo elevará en un sacrificio de amor hacia Él. La gloria de Dios y nuestra propia felicidad están tan unidas que si ahora buscamos sinceramente una, obtendremos la otra, cuando el alma ya no esté más sujeta al mal. La certeza de esta esperanza es como si los creyentes ya la hubieran recibido.


Comentario Bíblico de John MacArthur:

1:1 Pedro. Pedro formó parte de un grupo único y exclusivo de hombres que fueron llamados (Mt. 10:1–4) y comisionados (Jn. 20:19–23) de manera personal por Cristo, y que ministraron con Cristo después de su resurrección. La iglesia fue edificada sobre el fundamento de su enseñanza. expatriados. Eran extranjeros que vivían desposeídos en una tierra ajena como residentes temporales. Como todos los creyentes, eran ciudadanos de una ciudad eterna (Fil. 3:20; He. 13:13, 14). la dispersión. Junto al artículo griego definido, “dispersión” es casi siempre un término técnico que alude al esparcimiento de los judíos de Israel por todo el mundo conocido (Jn. 7:35; Stg. 1:1). No obstante, aquí aparece sin artículo en el original y se usa en un sentido no técnico para aludir a peregrinos espirituales y extranjeros en esta tierra, tanto judíos como gentiles (cp. el v. 17; 2:11), es decir, la iglesia. Ponto… Bitinia. La carta de Pedro va dirigida a iglesias ubicadas en provincias dentro del territorio actual de Turquía que formaban parte del Imperio Romano.

1:2 elegidos. De la palabra griega que equivale a “los llamados a salir”. La palabra significa “escoger” o “seleccionar”. En el AT se aplicó esta noción a Israel (Dt. 7:6), para indicar que Dios en su soberanía la escogió entre todas las naciones del mundo para que creyeran en Él y le pertenecieran de manera exclusiva (cp. Dt. 14:2; Sal. 105:43; 135:4). Aquí se usa la palabra como un término para designar a los cristianos, aquellos que han sido escogidos por Dios para salvación (cp. Ro. 8:33; Col. 3:12; 2 Ti. 2:10). La palabra también describe a los que reciben a Cristo durante el tiempo de la tribulación (Mt. 24:22, 24), así como a los ángeles santos que no cayeron (1 Ti. 5:21). El hecho de que se les recordara que eran los elegidos de Dios fue un gran consuelo para esos cristianos perseguidos (vea las notas sobre Ef. 1:3–14). presciencia. La misma palabra griega se traduce “destinado desde antes” en el v. 20. En ambos versículos la palabra no se refiere a un conocimiento de lo que va a suceder, sino a una relación predeterminada en el conocimiento de Dios. La relación de salvación llegó a existir por iniciativa de Dios, al decretar que existiera por adelantado. Los cristianos son conocidos para salvación de antemano así como Cristo fue ordenado desde antes de la fundación del mundo para ser un sacrificio por los pecados (cp. Hch. 2:23). “Presciencia” significa que Dios planificó por anticipado, no que hubiera observado desde antes (cp. Éx. 33:17; Jer. 1:5; Am. 3:2; Mt. 7:23). Así pues, Dios pensó y determinó por adelantado o predestinó la salvación de cada cristiano (vea las notas sobre Ro. 8:29; Ef. 1:4). santificación del Espíritu. Santificar significa “consagrar” y “apartar”. El objetivo de la elección es la salvación, y esta viene a los elegidos como resultado de la obra santificadora del Espíritu. El Espíritu Santo hace santos a los elegidos de Dios al apartarlos del pecado y la incredulidad para llevarlos a la fe y la justicia (cp. 1 Ts. 1:4; 2 Ts. 2:13). Así, la santificación comienza al mismo tiempo que la justificación (la declaración del pecador como justo delante de Dios quien por gracia le imputa la justicia de Cristo, cp. Fil. 3:9), y continúa como un proceso de purificación que prosigue hasta la glorificación, cuando el cristiano ve a Jesús cara a cara. para obedecer. Los creyentes son apartados del pecado para Dios con el fin de que puedan obedecer a Jesucristo. La salvación verdadera produce obediencia a Cristo (cp. Ef. 2:10; 1 Ts. 1:4–10). rociados con la sangre de Jesucristo. Esta frase se basa en el rociamiento que Moisés hizo de la sangre del sacrificio sobre el pueblo de Israel como un símbolo que sellaba el pacto en el que prometieron obedecer la Palabra de Dios (vea las notas sobre Éx. 24:4–8). De forma similar, en el nuevo pacto la fe en el derramamiento de la sangre de Cristo en la cruz no solo activa la promesa de Dios para dar al creyente una expiación perfecta por el pecado, sino que también introduce al creyente en el pacto que incluye su promesa y compromiso de obediencia al Señor y su Palabra.

1:3 Padre de nuestro Señor Jesucristo. Aunque Dios fue conocido como Creador y Redentor en el AT, muy rara vez fue llamado Padre. Por otro lado, Cristo siempre se dirigió a Dios como su Padre en los Evangelios (vea p. ej. Jn. 5:17), excepto durante el tiempo de separación en la cruz a causa del pecado (Mt. 27:46). De este modo, Cristo afirmó ser de la misma naturaleza, ser o esencia que el Padre (cp. Mt. 11:27; Jn. 10:29–39; 14:6–11; 2 Co. 1:3; Ef. 1:3, 17; 2 Jn. 3). Además, al hablar de “nuestro” Señor, Pedro personalizó la relación íntima del cristiano con el Dios del universo a través de su Hijo (cp. 1 Co. 6:17), una verdad importante que los cristianos necesitan recordar en medio del sufrimiento. grande misericordia. La razón por la que Dios proveyó una salvación gloriosa para la humanidad es que Él es misericordioso. Los pecadores necesitan la misericordia de Dios porque se encuentran en una condición lastimosa, desesperada y miserable como pecadores (cp. Ef. 2:4; Tit. 3:5; vea también Éx. 34:6; Sal. 108:4; Is. 27:4; Lm. 3:22; Mi. 7:18). nos hizo renacer. Dios concedió el nuevo nacimiento como parte de su provisión perfecta en la salvación. Tan pronto un creyente acude a Cristo y deposita su fe en Él, nace de nuevo dentro de la familia de Dios y recibe una naturaleza nueva (vea las notas sobre el v. 23; Jn. 1:13; 3:1–21). una esperanza viva. La esperanza viva es la vida eterna. “Esperanza” significa optimismo confiado y 1) procede de Dios (Sal. 43:5), 2) es un don de gracia (2 Ts. 2:16), 3) es definida por las Escrituras (Ro. 15:4), 4) es una realidad razonable (3:15), 5) es asegurada por la resurrección de Jesucristo (Jn. 11:25, 26; 14:19; 1 Co. 15:17), 6) es confirmada en el cristiano por el Espíritu Santo (Ro. 15:13), 7) defiende al cristiano contra los ataques de Satanás (1 Ts. 5:8), 8) es confirmada por medio de pruebas (Ro. 5:3, 4), 9) produce gozo (Sal. 146:5) y 10) se cumple a perfección en el regreso de Cristo (Tit. 2:13).

1:4 herencia. Pedro mostró a aquellos cristianos perseguidos cómo ver más allá de sus tribulaciones para contemplar su herencia eterna. La vida, la justicia, el gozo, la paz, la perfección, la presencia de Dios, la compañía gloriosa de Cristo, las recompensas y todo lo demás que Dios ha planificado es la herencia celestial del cristiano (v. 5; cp. Mt. 25:34; Hch. 26:18; Ef. 1:11; Col. 1:12; He. 9:15; también Sal. 16:5; 23; 26; 72; Lm. 3:24). Según Efesios 1:14, el Espíritu Santo que mora en el interior es el garante permanente de esa herencia. incorruptible. La herencia no está sujeta a corrupción ni puede deteriorarse en absoluto. La palabra se empleaba en el griego secular para denotar todo lo que no hubiera sido tocado por un ejército invasor (cp. Mt. 6:19–21). incontaminada. Esta palabra describe algo que no ha sido manchado por el mal. La herencia del cristiano contrasta por completo con cualquier herencia terrenal que es susceptible de ser corrompida y contaminada. inmarcesible. Es decir, “que no se desvanece”, como sucede a las flores que se marchitan y deterioran. Mientras que las herencias terrenales van a desvanecerse por completo, la herencia eterna de un cristiano no tiene elementos corruptibles.

1:5 guardados por el poder de Dios. El poder supremo, la omnisciencia, la omnipotencia y la soberanía de Dios no solo guardan la herencia (v. 4), sino que mantienen seguro y firme al creyente. Nadie puede robar el tesoro del cristiano y nadie puede descalificarlo de recibirlo. Vea las notas sobre Romanos 8:31–39. mediante la fe. La respuesta del cristiano a la elección de Dios y la convicción del Espíritu es fe, pero hasta la fe es activada por Dios (vea la nota sobre Ef. 2:8). Además, la fe continua del cristiano en Dios es la evidencia del poder guardador de Dios. En el momento de la salvación, Dios infunde energía a la fe y la preserva hasta el fin. La fe salvadora es permanente y nunca muere. Vea las notas sobre Mateo 24:13; Hebreos 3:14.

1:6 os alegráis. Es decir, alegrarse con gran gozo. Esta clase de gozo no se basa en circunstancias temporales y cambiantes porque proviene de la relación eterna e inmutable con Dios. Pedro relaciona este gozo con 1) la seguridad de la herencia eterna y protegida del creyente (vv. 4, 5; cp. Jn. 16:16–33) y 2) el aseguramiento de su fe aprobada (v. 7). diversas pruebas. Pedro enseña aquí varios principios importantes acerca de las pruebas: 1) No perduran (“por un poco de tiempo”), 2)sirven un propósito definido (“tengáis que ser afligidos”), 3) producen tristeza y aflicción, 4) se presentan en varias formas (“diversas pruebas”) y 5) no deberían reducir el gozo del cristiano.

1:7 sometida a prueba vuestra fe. El propósito de Dios al permitir las pruebas consiste en confirmar la realidad de la fe de cada creyente, pero el beneficio inmediato de esa prueba de “fuego” es para el creyente más que para Dios. Si un creyente sale aprobado y no deja de confiar en el Señor, puede estar seguro de que su fe es genuina (cp. Gn. 22:1–12; Job 1:20–22). cuando sea manifestado Jesucristo. La revelación o manifestación de Cristo se refiere a su segunda venida, en particular el tiempo en el que llamará y recompensará a su pueblo redimido (cp. el v. 13; 4:13; 1 Co. 1:7), es decir, el arrebatamiento (1 Ts. 4:13–18).

1:8 sin haberle visto. En el sentido de su presencia física (v. 7). Cp. 2 Corintios 5:7. En el tiempo de su aparición, todas las pruebas difíciles que los creyentes han soportado beneficiarán a Dios porque le traerán “alabanza, gloria y honra” por la eternidad.

1:9 obteniendo… salvación. La traducción literal de “obteniendo” es “reciben ahora mismo lo suyo”. En cierto sentido los cristianos ya poseen el resultado de su fe expresado en la liberación constante del poder del pecado. En otro sentido, todavía aguardamos el momento en el que recibiremos la salvación plena de gloria eterna en la redención de nuestro cuerpo (Ro. 8:23).

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