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martes, 14 de abril de 2020

La práctica cristiana como señal

Jonathan Edwards

LA PRÁCTICA CRISTIANA COMO SEÑAL

I. LA PRÁCTICA CRISTIANA ES LA PRINCIPAL SEÑAL PARA LOS DEMÁS DE LA SINCERIDAD DE UNO QUE PROFESA SER CRISTIANO

La práctica cristiana es la principal señal por la cual hemos de juzgar la sinceridad de los que dicen ser cristianos. Las Escrituras son muy claras en esto. "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:16). "O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o hacedlo malo y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol" (Mateo 12:33). Cristo nunca dice: "Conocerás el árbol por sus hojas y sus flores. Conocerás los hombres por su forma de hablar, por sus relatos de sus experiencias, por sus lagrimas y expresiones emocionales." ¡No! "Los conocerás por sus frutos. Un árbol se conoce por sus frutos."

Cristo nos dice que busquemos el fruto de la práctica cristiana en otros. También nos dice que debemos mostrar ese fruto a otros en nuestras propias vidas. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que esta en los cielos" (Mateo 5:16). Cristo no dice, "Deje que su luz alumbre diciéndole a otros de sus sentimientos y experiencias." Es cuando otros vean nuestras buenas obras que glorificaran a nuestro Padre en los cielos.

El resto del Nuevo Testamento dice lo mismo. Por ejemplo, en Hebreos leemos de los que fueron iluminados, gustaron del don celestial, etc... y recayeron (Hebreos 6:4-8). Después, en el versículo 9 dice: "Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación". ¿Por que estaba tan confiado el autor de Hebreos de que su fe era real y que ellos no recaerían? Por su práctica cristiana. Vea el versículo 10: "Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aun."

Encontramos la misma enseñanza en Santiago. "Hermanos míos, ¿de que aprovechara si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?" (Santiago 2:14). Santiago nos esta diciendo que es inútil decir que tenemos fe si no la mostramos por nuestras buenas obras. Todo lo que decimos no vale nada si no esta confirmado por lo que hacemos. Testimonios personales, relatos de nuestros sentimientos y experiencias, todo queda sin valor, sin las buenas obras y sin la práctica cristiana.

En realidad esto nos lo dice el sentido común. Todos saben que las acciones hablan más fuerte que las palabras. Podemos aplicar el principio en el campo espiritual al igual que en el natural. Imagínese a dos personas. Una parece caminar humildemente ante Dios y los hombres, viviendo una vida que habla de un corazón penitente y contrito; es sumisa a Dios en la aflicción, mansa y benevolente para con su prójimo. La otra habla de lo humilde que es, lo convencida del pecado que se siente, como se postra en el polvo ante Dios, etc... Sin embargo, se comporta como si fuera la cabeza de todos los cristianos en su alrededor. Es dominante, creída, e incapaz de sobrellevar la critica. No demostramos nuestro cristianismo hablando de nosotros mismos a la gente. Las palabras poco cuestan. Es por la práctica cristiana, costosa y abnegada, que demostramos la realidad de nuestra fe.

Estoy dando por sentado, por supuesto, que esta práctica cristiana existe en una persona que dice ser creyente de la fe cristiana. Después de todo, lo que estamos probando es la sinceridad de los que dicen que son cristianos. Una persona no puede decir ser cristiana sin afirmar que cree ciertas cosas. No aceptaríamos, ni deberíamos aceptar, como cristiano, a ninguno que niegue las doctrinas cristianas esenciales, no importa lo bueno y santo que parezca. Junto con la practica cristiana, tiene que haber una aceptación de las verdades básicas del evangelio Estas incluyen creer que Jesús es el Mesías, que murió para satisfacer la justicia de Dios que era en contra de nuestros pecados, y otras doctrinas por el estilo. La práctica cristiana es la mejor prueba de la sinceridad y salvación de los que dicen que creen estas verdades, pero no prueba nada en cuanto a la salvación de quienes las niegan.

Solo agregaría lo que dije antes (Segunda Parte, capítulo 12), que no hay apariencias externas que sean señales infalibles de conversión. La práctica cristiana es la mejor evidencia que tenemos de que un cristiano profeso lo sea en verdad. Nos obliga a creer en su sinceridad y a aceptarlo como hermano en Cristo. Aun así, no es una prueba 100% infalible. Para empezar, no podemos ver todo el comportamiento externo de una persona; mucho se encuentra escondido del mundo. Ni podemos mirar al corazón de una persona y ver su motivación. No podemos estar seguros de lo lejos que una persona no convertida pueda llegar en su apariencia externa del cristianismo. Con todo, si pudiéramos observar la practica de una persona al mismo grado que su propia conciencia, seria posible que sirviera de señal infalible de su condición. La verdad de esto aparecerá en mi próximo capitulo.

II. LA PRÁCTICA CRISTIANA ES SEÑAL SEGURA DE CONVERSIÓN PARA LA CONCIENCIA DE LA PERSONA MISMA

1ª de Juan 2:3 nos hace ver esto claramente: "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. Juan dice que podemos tener seguridad de nuestra salvación si nuestras conciencias testifican de nuestras buenas obras: "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de el," (1ª Juan 3:18-19). El apóstol Pablo les dice a los gálatas que examinen su propio comportamiento para que puedan regocijarse en su salvación: "Cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de que gloriarse solo respecto a si mismo, y no en otro" (Gálatas 6:4). Cuando Cristo dice, "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 6:20), da en primer lugar una norma por la cual juzgar a otros; pero Cristo también quiere que nos juzguemos a nosotros mismos por esta norma, así como vemos en el versículo que sigue: "No todo el que me dice Señor, Señor, entrara en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos" (Mateo 6:21)

¿A que exactamente se refiere la Biblia al decir "guardar los mandamientos", "hacer la voluntad del Padre", (lo que hemos llamado la practica cristiana) haciendo que sea esta la base de nuestra seguridad?

La práctica cristiana, por cierto, no se refiere únicamente a las acciones externas que manifestemos. La obediencia es un acto del hombre entero, tanto alma como cuerpo. En efecto, la obediencia realmente esta en la actuación del alma, ya que el alma gobierna el cuerpo. La practica cristiana, pues, se refiere más a la obediencia interna del alma que a las acciones externas del cuerpo.

Hay dos maneras en las cuales el alma de un cristiano puede actuar:

a) El alma puede actuar de una manera puramente interna que no resulta en acciones corporales externas. Cuando simplemente meditamos en la verdad de Dios, nuestras mentes descansan en esa verdad, no procediendo de allí a ningún acto externo.

b) El alma puede actuar de una manera práctica, cosa que resulta en actuaciones corporales. Por ejemplo, la compasión puede movernos a dar un vaso de agua fría a un discípulo de Cristo (Mateo 10:42), o el amor que una persona tiene por Cristo puede hacer que aguante toda persecución por causa de Cristo. Aquí la obediencia del alma se esta demostrando en actos físicos.

Cuando las Escrituras hacen de la práctica cristiana la evidencia para otros de nuestra fe, se refieren a lo que otros pueden ver de nuestra práctica—nuestras actuaciones físicas. Sin embargo, cuando las Escrituras hacen de esa practica cristiana la evidencia para nosotros mismos de nuestra fe, se refieren a lo que nosotros podemos ver de nuestra practica, y nosotros podemos ver las motivaciones internas que están detrás de nuestras acciones externas. El cristiano, entonces, tiene que juzgar su propia practica, no solo con base en lo que hace con su cuerpo, sino en las motivaciones interiores de su alma, que son las que controlan lo que hace. Así nos juzga Dios: "Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras" (Jeremías 17:10). "Y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras" (Apocalipsis 2:23). Si Dios nos juzga por nuestras acciones solamente, ¿por que escudriña las mentes y los corazones? Dios se preocupa no solo por nuestras obras, sino por el espíritu presente detrás de ellas.

Habiendo dicho todo esto, no quiero que nadie piense que las motivaciones son todo lo que importa, y que lo que hacemos exteriormente con nuestros cuerpos no tiene nada que ver. ¡De ninguna manera! No podemos divorciar así el alma y el cuerpo. El alma gobierna al cuerpo. Las motivaciones santas producen un estilo de vida obediente. Una persona que vive una vida pecaminosa no puede excusarse diciendo que su coraz6n esta bien. El corazón de un hombre no puede estar puro a la vez que sus pies lo llevan a una casa de prostitución. Esto es absurdo. La practica cristiana incluye ambas cosas—las motivaciones internas y las acciones externas. Tenemos que aprobar el examen en ambas áreas. Buenas obras sin motivaciones santas no son práctica cristiana. Tampoco lo son motivaciones supuestamente espirituales que no producen obediencia práctica.

La práctica cristiana es la mejor evidencia de fe verdadera para la conciencia de un creyente. No debemos poner mucha confianza en experiencias religiosas, convicciones, consolaciones, gozos, o esas meditaciones internas que no resulten en obediencia práctica. Permítame ofrecer seis argumentos para mostrar que debemos tener como fundamento principal de nuestra seguridad en la práctica cristiana:

a) Mi primer argumento viene del sentido común. La prueba de que un hombre tiene preferencia por hacer algo esta en que lo hace. Cuando alguien tiene la libertad tanto de hablar como de callar, la prueba de que prefiere hablar esta en que abre su boca y habla. Cuando alguien esta en libertad tanto de caminar como de quedarse sentado, la prueba de que prefiere caminar esta en que se levanta y camina. En la misma manera, la prueba de que un hombre prefiere obedecer a Dios por encima de desobedecerle, esta en su obediencia. Así que es absurdo que alguien pretenda tener un buen corazón viviendo una vida desobediente. ¿Busca engañar a Dios? El Juez de toda la tierra no será burlado con farsas. "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrara en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declarare: Nunca os conocí; apartaos de mi, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-23). Por más experiencias religiosas que tengamos, aun llegando posiblemente a obrar milagros, no podemos esconder de nuestro Juez una vida desobediente. No será posible impresionarlo ni engañar lo con excusas. Despues de todo, ni siquiera un amo humano toleraría a un siervo que le profesara gran amor y lealtad, pero rehusara obedecerle.

b) Mi segundo argumento viene de la providencia de Dios. Dios envía problemas y pruebas a nuestras vidas para ver si en la práctica lo preferiremos por encima de otras cosas. Nos pone en una situación donde el esta de un lado, y lo demás del otro, y no podemos tener a ambos. Tenemos que escoger. Nuestras elecciones prácticas en estas situaciones muestran si amamos a Dios por encima de todo o no. "Y te acordaras de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos" (Deuteronomio 8:2).

Estas pruebas son para beneficio nuestro, no de Dios. El ya sabe lo que esta en nuestros corazones. Nos hace entrar en situaciones de prueba para que nosotros lo podamos conocer. Dios nos esta educando a nosotros, ¡no a si mismo! Dado que es esta la manera en que Dios nos enseña en cuanto a nuestros corazones, vemos confirmado que nuestra práctica es la verdadera evidencia de nuestra sinceridad.

c) La práctica cristiana perfecciona el nuevo nacimiento. Santiago dice que la obediencia practica de Abraham perfeccionó su fe: "¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2:22). Juan dice que nuestra obediencia practica perfecciona nuestro amor por Dios: "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no esta en el; pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en el" (1ª Juan 2:4-5).

La practica cristiana, pues, perfecciona la fe y el amor. Son como una semilla. Una semilla no llega a la perfección por haber sido plantada en la tierra. Ni por profundizar raíces y brotar hojas, ni por salir de la tierra, ni por producir flores. Sin embargo, cuando produce una fruta madura y buena, ha llegado a la perfección. Ha desarrollado su naturaleza. Es igual con la fe y el amor, y todos los demás frutos del espíritu. Llegan a la perfección en los buenos y maduros frutos de la práctica cristiana. La práctica, entonces, debe ser la mejor evidencia de que estos frutos existen.

d) Las Escrituras enfatizan la practica mas que cualquier otra evidencia de salvación, Espero que esto ya este claro. Tenemos que mantener este énfasis. Es peligroso aseverar situaciones que la Biblia no enfatiza. Hemos perdido nuestro balance bíblico si nos establecemos en sentimientos y experiencias que no se expresan en obediencia práctica. Dios sabe lo que es mejor para nosotros y ha subrayado ciertas cosas porque así lo necesitan. Si ignoramos el claro énfasis de Dios en la práctica cristiana, guiándonos mas por otras cosas como pruebas de sinceridad, estamos caminando rumbo al engaño y la hipocresía.

e) Las Escrituras hablan con mucha claridad de la práctica cristiana como la verdadera prueba de la sinceridad. No es como si esta fuera una doctrina oscura, mencionada pocas veces no más en pasajes difíciles. Supongamos que Dios diera una nueva revelación hoy, declarando, "Por esto conocerán a mis discípulos, por esto sabrán que son de la verdad, por esto sabrán que me conocen", y seguidamente diera una marca o señal especial. ¿No tendríamos a esta marca como una prueba clara y definitiva de sinceridad y salvación? ¡Pues esto es exactamente lo que ha sucedido! Dios ha hablado desde el cielo, a través de la Biblia. Vez tras vez nos ha dicho que la practica cristiana es la prueba mejor y mas fiable de la fe verdadera. Mire como Cristo lo repite permanentemente en el capítulo 14 del evangelio de Juan: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (v. 15). "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama" (v. 21). "El que me ama, mi palabra guardara (v. 23). "El que no me ama, no guarda mis palabras" (v. 24). Y en el capitulo 15: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos" (v. 8). "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando" (v. 14).

Encontramos lo mismo en 1ª Juan: "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos (2:3). "Pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en el" (2:5). "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de el" (3:18-19). ¿No queda claro?

f) Dios nos juzgara por nuestra practica en el día del juicio. No nos pedirá que demos nuestro testimonio personal. No examinara nuestras experiencias religiosas. La evidencia con base en la cual el Juez nos aceptara o nos rechazara será nuestra práctica. Esta evidencia, claro esta, no será para el beneficio de Dios. El conoce nuestros corazones. Aun así, exhibirá la evidencia de nuestra práctica debido a la naturaleza abierta y publica de su juicio final. "Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2ª Corintios 5:10). Si, nuestra practica es la evidencia decisiva que Dios usara en el día del juicio, ese es el examen que debemos aplicarnos a nosotros mismos aquí, ahora.

De estos argumentos, creo que queda claro que la practica cristiana, tal como la he definido, es la mejor evidencia, para nosotros mismos y para otros, de que somos cristianos de verdad.

Desde luego, cuando una persona esta recién convertida, no ha tenido la oportunidad de practicar una vida santa. Puede tener una seguridad de salvación basada puramente en sus emociones y experiencia. Eso no altera el hecho de que la mejor evidencia de la salvación de alguien, y la más sólida, se encuentra en ver que sus emociones y sus experiencias se expresan en una vida de obediencia práctica. Un hombre puede estar dispuesto a embarcar en un viaje peligroso a un país lejano. Puede estar seguro de que esta preparado para todo el sacrificio y el sufrimiento que le tocara soportar. Con todo, la mejor prueba, tanto para el como para otros, de que en verdad esta dispuesto y preparado para este viaje, es que lo emprende.

Hay dos objeciones principales que creo la gente hará a lo que he dicho, veamos:

1. La primera es que la experiencia espiritual, más bien que la practica, es la prueba verdadera de que somos cristianos. Esto es malinterpretar lo que he dicho. Hablar de experiencia espiritual y practica cristiana como si fueran dos cosas independientes, esta completamente mal. La práctica cristiana es práctica espiritual. No es un cuerpo actuando sin mente. Es la acción del cuerpo y el alma juntos, el alma
moviendo y gobernando el cuerpo. La practica cristiana, pues, no excluye la experiencia espiritual. Sin los actos espirituales del alma, no practicaríamos en la nada la verdadera obediencia. ¡La emoción del amor por Dios no deja de ser una experiencia espiritual tan solo por mostrarse en un acto externo de abnegación!

Hay una práctica religiosa externa que existe sin la experiencia interna. Esa no sirve para nada. Sin embargo, también hay experiencia religiosa sin práctica, sin comportamiento cristiano. ¡Eso es peor quenada! La verdadera experiencia religiosa es aquella en la cual amamos a Dios, y nuestro amor hace que lo escojamos, lo obedezcamos, y lo confesemos en todas las situaciones difíciles y de prueba. La amistad entre humanos consiste más que todo en un afecto interno; cuando ese afecto interno llega hasta el punto de hacer que pasen por fuego y agua el uno por el otro, esa es la prueba suprema de la amistad.

2. La segunda objeción, es que mi énfasis en práctica es legalista se concentra demasiado en obras, y, por esto, llevará a la gente a dejar la gran doctrina evangélica de la rusticación por sola fe.

Esto es ridículo No he dicho que nuestra practica sea el precio que se paga por el favor de Dios. He dicho que es la señal del favor de Dios. Si le diera plata a un mendigo, y ese mendigo viera en el dinero una muestra de mi amor por el, ¿destruiría eso la naturaleza gratuita de mi amor? Desde luego que no. Debemos entender por lo tanto, que la obediencia que Dios crea en nosotros como señal de su amor, tampoco destruye la naturaleza gratuita de ese amor.

La doctrina de la gracia inmerecida de Dios para los pecadores quiere decir que no hay cualidades buenas en nosotros que puedan ganar o merecer su gracia. Dios ama a sus elegidos libre y soberanamente, por las infinitas riquezas de su propia naturaleza divina, no por algo hermoso en sus elegidos. Similarmente, la justificación sin obras quiere decir que ninguna cualidad o acción hermosa en nosotros puede ser la propiciación por nuestros pecados.

Dios nos acepta como justos por la obediencia de Cristo, no la nuestra. Cuando las Escrituras hacen contraste entre la fe y las obras, nos quieren dar a entender que los pecadores no llegan a la unión con Cristo por la belleza o bondad de sus obras o sus sentimientos, ni por ninguna otra cosa en ellos. Realmente, no es ni la belleza ni la bondad de nuestra fe lo que nos une a Cristo. La fe nos une al Salvador aparte de toda bondad o belleza que pueda tener. ¿Por que? Sencillamente porque fe, significa recibir, aceptar y descansar en Jesús con nuestras almas.

Seamos muy claros. Si la hermosura o excelencia de cualquier cosa en nosotros fuera lo que nos une a Cristo, eso si destruiría la naturaleza gratuita de la gracia de Dios. Amor por Dios, gozo espiritual, abnegación, experiencias, sentimientos, obras-por buenas que estas puedan ser, su bondad no nos une a Cristo. En ninguna parte he ensenado eso. He ensenado que estas cosas son muestras de nuestra unión con Cristo. Muestran que si estamos unidos a el, y esto por la fe únicamente. Tener una actitud deportiva frente a las buenas obras debido a que no nos justifican, es realmente lo mismo que ser deportivos en cuanto a la obediencia, toda santidad, todo lo espiritual, ya que estas cosas no nos justifican tampoco. Pero ¿que cristiano dirá que un celo por la obediencia, la santidad y la espiritualidad es inconsistente con la justificación por fe? La práctica santa es la señal de la fe, así como la actividad y el movimiento son las señales de la vida.

CONCLUSIÓN

¡Que cantidad de problemas se hubiera evitado la iglesia, si los cristianos se hubieran limitado a lo que las Escrituras enseñan acerca de una verdadera experiencia de salvación! Las Escrituras nos dicen que nos juzguemos a nosotros mismos y a otros en esta área principalmente por el fruto de la obediencia cristiana en la práctica. Si nos limitáramos a esto, expondría la hipocresía y el auto-engaño más poderosamente que cualquier otra cosa. Nos rescataría de la confusión eterna causada por las teorías humanas en cuanto a lo que deberíamos estar experimentando. Evitaría que los cristianos dejaran de lado la santidad de vida. Los animaría a mostrar su cristianismo por la hermosura de su conducta en vez de por la constante proclamación de sus experiencias.

Los amigos cristianos hablarían juntos de sus experiencias en una forma más modesta y humilde, buscando edificar más bien que impresionarse el uno al otro. Muchas oportunidades de orgullo espiritual desaparecerían, para frustración del diablo. La gente mundana dejaría de reírse o burlarse del cristianismo por las insensateces de los cristianos; en lugar de esto, se convencerían de que el cristianismo es real y darían atención a sus enseñanzas al ver las vidas de los creyentes.

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