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martes, 31 de diciembre de 2019

No hay doctrina más excelente

NO HAY DOCTRINA MÁS EXCELENTE
«Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.» (1ª Corintios 2:2)
Por: John Flavel

No hay doctrina más excelente ni más necesaria de predicar y estudiar que la doctrina de Jesucristo y él crucificado. Cualquier otro conocimiento, por más magnificado que sea por el mundo es y debe ser considerado como basura en comparación con la excelencia del conocimiento de Jesucristo (Filipenses 3:8), “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3).

A Eudoxo (1) le impresionaba tanto la gloria del sol que pensaba que había nacido solo para contemplarlo; con más razón debe el cristiano considerarse nacido solo para contemplar y deleitarse en la gloria del Señor Jesús. Nos explayaremos en la verdad de este enunciado valiéndonos de un argumento bipartito acerca de la doctrina de Cristo.

Primero, debe ser considerado aparte de todo lo demás, sin relacionarlo o compararlo con cosa alguna. Entonces estas propiedades hermosas que tiene por naturaleza darán como resultado verlo superior a todas las demás ciencias y conocimientos.

1. El conocimiento de Jesucristo es la médula, el meollo mismo de las Escrituras, el alcance y centro de todas las revelaciones divinas: ambos Testamentos se unen en Cristo. La ley ceremonial tiene como tema principal a Cristo, y todo el evangelio también tiene como tema principal a Cristo. Los renglones benditos de ambos Testamentos se conectan en él. Cómo ambos armonizan y se entrelazan dulcemente es el tema principal para descubrir en la excelente epístola a los Hebreos, pues bien podemos llamar a esa epístola la dulce armonía entre ambos Testamentos. Esto expresa con convencimiento la excelencia inexpresable de esta doctrina, cuyo conocimiento es entonces la llave que abre la parte fundamental de las Sagradas Escrituras. Porque es en la comprensión de las Escrituras, tanto como lo es en el conocimiento que los hombres tienen de lógica y filosofía: o sea, que si el erudito llega a comprender el principio fundamental sobre el cual se basa cierto principio, la controversia toma un nuevo rumbo, el conocimiento correcto de ese principio lo sostendrá durante toda la controversia y le dará la respuesta para vencer cualquier argumento. De igual modo, el conocimiento correcto acerca de Jesucristo es la clave que nos lleva con bien por todo el laberinto de las Escrituras.

2. El conocimiento de Jesucristo es un conocimiento fundamental… El conocimiento de Cristo es fundamental para toda gracia, deber, consolación y felicidad.

(a) Es fundamental para toda gracia. Todas empiezan con el conocimiento: El hombre “se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:10). La nueva creación, al igual que la antigua, comienza con la luz: abrir los ojos es la primera obra del Espíritu. Y al igual que los comienzos de la gracia, todas las mejoras posteriores dependen de este aumento de conocimiento: “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2ª Pedro 3:18). Notemos cómo ambos —gracia y conocimiento— actúan a una en el alma del cristiano, en la medida que aumenta uno, aumenta el otro.

(b) El conocimiento de Cristo es fundamental para todo deber. Los deberes, al igual que las gracias de todos los cristianos se fundamentan en el conocimiento de Cristo. El cristiano, ¿debe creer? Nunca podrá hacerlo sin conocer a Cristo. La fe depende tanto de su conocimiento, que es identificado por eso: “Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos” (Isaías 53:11); por lo tanto, ver y creer se convierten en una misma cosa (Juan 6:40). ¿Quiere el hombre poner en práctica su esperanza en Dios? Nunca podrá hacerlo sin conocer a Cristo porque él es el autor de la esperanza (1ª Pedro 1:3). Es también su objeto (Hebreos 6:19), su base y apoyo (Colosenses 1:27). Y así como no podemos creer ni tener esperanza, tampoco podemos orar aceptablemente sin tener un grado fehaciente de este conocimiento… La manera apropiada de conversar con Dios y disfrutar de él en oración es por fe en él a través de un Mediador… ¡Oh entonces, qué indispensable es el conocimiento de Cristo para todos los que quieren dirigirse a Dios en cualquier deber!

(c) Es fundamental para toda consolación. Toda consolación del creyente procede de esta fuente. Jesucristo es el objeto mismo del gozo del creyente: nuestro regocijo es en “Cristo Jesús” (Filipenses 3:3). Sin el conocimiento de Cristo, los cristianos son las criaturas más tristes y deprimidas del mundo. Pero, manifiéstese Cristo y lance los rayos de su luz en sus almas, y les hará besar las estaca [en que cuelgan], cantar en la hoguera y gritar cuando están moribundos, cual hombres que se reparten un botín.

(d) Este conocimiento es fundamental para la felicidad eterna de las almas. Como no podemos cumplir ningún deber, disfrutar de ningún confort sin él, tampoco podemos ser salvos sin él. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Y, si conocer a Cristo es vida eterna, entonces es condenación eterna no conocerlo. Así como Cristo es la puerta que da acceso al cielo, el conocimiento es la llave que da acceso a Cristo… Por lo tanto, vemos cuan fundamental es el conocimiento de Cristo: [es] imprescindible para todas las gracias, los deberes, las consolaciones y la felicidad de las almas.

3. El conocimiento de Cristo es profundo y amplio; todas las demás ciencias no son más que sombras. Es un océano sin límites y sin fondo; ninguna criatura tiene una cuerda suficientemente larga para medir su profundidad. La Biblia le adjudica una anchura, una longitud, una profundidad y una altura (Efesios 3:18). Sí, trasciende todo conocimiento. Hay una “multiforme sabiduría de Dios” en Cristo (Efesios 3:10). Es de muchos tipos y formas, de muchos pliegos y capas; es realmente sencillo, puro y sin mezcla de nada que no sea él mismo; sin embargo, es multiforme en sus niveles, tipos y administraciones. Aunque un poco de Cristo se manifiesta en una época y otro poco en otra, la eternidad misma no puede manifestarlo completamente… Es en el estudio acerca de Cristo, como el asentarse un país recién descubierto. Al principio los hombres se sientan a la orilla del mar, sobre los acantilados y las fronteras del país, y allí se asientan. Pero de a poco, se adentran más y más hacia el centro de país. ¡Ah, el mejor de nosotros sigue apenas en las fronteras de este vasto continente!

4. El estudio de Jesucristo es el tema más noble al que jamás se haya dedicado el alma. Los que se rompen la cabeza estudiando otras cosas, son como los niños que se cansan de un juego tedioso: como el águila busca su renovación en el mismo sol. Los ángeles estudian esta doctrina y se arrodillan para ver dentro de este profundo abismo. ¿Cuáles son las verdades que se descubren en Cristo sino los secretos mismos que desde la eternidad han permanecido escondidos en el corazón de Dios? (Efesios 3:8-9). El corazón de Dios se abre a los hombres en Cristo (Juan 1:18). Esto hace que el evangelio sea una dispensación (2) tan gloriosa porque Cristo se revela tan gloriosamente en él; y estudiar a Cristo en el evangelio sella una gloria muy celestial en el alma del que lo hace.

5. Es un conocimiento totalmente dulce y reconfortante. ¿Qué es estar estudiando a Jesucristo, sino escarbando entre las vetas y fuentes de consuelo? Y más profundo escarbamos, más fluyen estas fuentes sobre nosotros. ¡Qué deslumbrados están los corazones con lo que descubren de Cristo en el evangelio! ¡Qué éxtasis, qué enternecedor, que embeleso encuentran las almas llenas de gracia allí!… El creyente podría quedarse desde la mañana hasta la noche escuchando los discursos de Cristo: “Su paladar, dulcísimo” (Cantares 5:16).

En segundo lugar, comparemos este conocimiento con todos los demás conocimientos y, al hacerlo comprobaremos su excelencia.

1. Todos los demás conocimientos son naturales, pero este es totalmente sobrenatural. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27). Los paganos más sabios nunca podrían descubrir a Cristo por más profundos que sean sus investigaciones de la naturaleza; los filósofos más eruditos no son más que niños en su conocimiento, comparados con los cristianos más iletrados.

2. Otros conocimientos no pueden ser obtenidos por muchos. Todas las ayudas y los medios en el mundo nunca capacitarían a algunos cristianos a dominar las artes y los idiomas. Los hombres más inteligentes y más intelectuales son eruditos en estos; pero he aquí el misterio y la excelencia del conocimiento de Cristo: los hombres de la más baja estirpe e ignorantes, pueden lograr este conocimiento por medio de la enseñanza del Espíritu, que aun los más sabios y entendidos no pueden ver. “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25). “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1ª Corintios 1:26, 27).

3. Otros conocimientos, aunque se obtengan plenamente, nunca llevan al cielo. Estos son defectuosos y débiles en dos sentidos; principalmente, porque no tienen a Cristo, ni a la pureza de su naturaleza. Porque los paganos letrados se envanecen en sus figuraciones y en la eficacia e influencias de estas sobre el corazón y la vida: “Se envanecieron en sus razonamientos” (Romanos 1:21). Su impiedad era más fuerte que su luz (Romanos 1:18). En cambio, este conocimiento de Cristo tiene influencias poderosas, cambiando a las almas a su propia imagen (2ª Corintios 3:18); y por ende prueba ser un conocimiento salvador para las hombres (1ª Timoteo 2:4).

(1) Eudoxo de Cnido (c. 408 – c. 355 a. de J.C.) Astrónomo y matemático griego. 

(2) dispensación – un orden dispuesto divinamente prevaleciente en un periodo particular de la historia.

Tomado de “The Fountain of Life” (La fuente de vida) de The Works of John Flavel (Las obras de John Flavel), Vol. 1, The Banner of Truth Trust, www.banneroftruth.org

John Flavel (c. 1630-1691): Pastor presbiteriano británico, nacido en Worcestor, Inglaterra.

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