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miércoles, 30 de octubre de 2019

Hechos 1:9-11



Comentario Bíblico de John MacArthur Hechos 1:9-11

EL MOTIVO.

Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hechos 1:9-11)

El Señor Jesucristo estaba a punto de partir para el cielo a fin de regresar a su antigua gloria (cp. Juan 17:1-6). Antes de hacer eso dejó a los apóstoles con un dramático momento final que les dio una poderosa motivación para llevar a cabo la obra del Señor. Para asombro de ellos, Él fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos (cp. vv. 2, 11, 22). Jesús, en su glorioso cuerpo resucitado, dejó este mundo por el reino del cielo a fin de ocupar su lugar en el trono a la diestra de Dios. De vuelta al Monte de los Olivos (Lucas 24:50), los estupefactos discípulos se quedaron con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba. Para su mayor consternación, se pusieron junto a ellos ángeles descritos como dos varones con vestiduras blancas. Tales apariciones angelicales no eran extrañas (Génesis 18:2; Josué 5:13-15; Marcos 16:5). Dos de ellas confirman como verídica la promesa del regreso de Cristo (cp. Juan 8:17). Estos ángeles preguntaron a los desconcertados apóstoles: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Los llamaron varones galileos porque todos los apóstoles (con excepción del traidor Judas) eran de esa región. La pregunta de los ángeles, ¿por qué estáis mirando al cielo? indica más que curiosidad ante el milagro. La palabra traducida mirando indica contemplar de manera prolongada. En este caso se trata de una ojeada fija como si estuvieran perdiendo a alguien. La pregunta entonces es una suave reprensión para los apóstoles. No estaban perdiendo a Jesús, como temían. Quizás algunos de ellos recordaron la visión de Ezequiel, quien vio la gloria de Dios elevándose al cielo desde Israel (Ezequiel 10:18-19), y temieron que eso estuviera ocurriendo otra vez.

Los ángeles siguieron diciendo: Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. La promesa de Zacarías 14:4 sucederá, específicamente que el Mesías regresaría al Monte de los Olivos. Los ángeles resaltaron que este mismo Jesús que los apóstoles habían visto ascender iba a volver un día como lo habían visto ir al cielo. Regresará en su cuerpo glorificado, en las nubes (cp. Daniel 7:13; Mateo 24:30; 26:64; Apocalipsis 1:7; 14:14), exactamente como en su ascensión.

Esto se convierte en un motivo convincente. Nadie sabe cuándo vendrá el Señor, pero todos deben vivir en anticipación de que podría ser durante su propia vida (cp. Romanos 13:12-14; 2ª Pedro 3:14-18). La verdad de que Cristo regresará brinda un poderoso motivo para servirle. Pablo escribe: “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2ª Corintios 5:10). En Apocalipsis 22:12, el Señor Jesucristo declaró: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Los creyentes deben servir fielmente a Cristo a la luz de su inminente regreso. En Apocalipsis 16:15, Jesús advirtió: “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza” (cp. 1ª Juan 2:28).

La tarea de terminar la obra que Jesús comenzó, el deber de evangelizar al mundo perdido, es intimidante. Pero en su misericordia el Señor, desde el principio, ha provisto todos los recursos espirituales necesarios para cumplir esa tarea. Depende de cada creyente apropiarse de tales recursos y usarlos. “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

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